Querido Don Mario:
Quizás Usted, estaba acostumbrado que lo tratasen tuteándolo, mas, el que le trate de Usted, tenga por seguro no significa que no lo tenga por cercano, por ser parte de mí desde que nos presentaron. Y para que vea lo que son las cosas, de ese conocerle no hace ni una década, porque yo, que vivo entre libros de autores conocidos y menos conocidos, no había llegado aún hasta Usted , pero llegó el día en que una amiga amante de la palabra, hace alrededor de cinco años me hablara con tanta pasión de sus obras, que me llevó a descubrirlo en “El olvido está lleno de memoria”, en todos sus “Inventarios”, en algunas de sus novelas, porque confesarle quiero, que no todo lo que ha escrito tengo. Se me han escapado quizás algunas de sus obras fundamentales, pero, es innegable que basta leer alguna de sus novelas, o su poética, para enamorarse de su estilo, de su manera de narrar, de su llegar a lo profundo del alma o a la sonrisa socarrona de sus ironías tan bien descritas hasta en su versos.
He llenado ausencias con su palabra, he compartido presencias con Usted, también.
Usted, me abrió un mundo nuevo en la manera de relatar lo que siento en “ensayos” de poemas, me enseñó a escribir sin punto y coma, sin mayúsculas o con todas las mayúsculas, aprendí de Usted a decir lo que siento sin colocar cortapisas, sin cerrar los ojos ante lo que en mi entorno pase o ante lo que mi corazón sienta.
Uruguayo Usted, venezolana yo, no me conoció de nada, no nos tropezamos en alguna calle o en alguna librería o en un teatro donde Usted fuera el invitado para un festival o recital que diera. Nunca nos tomamos un café juntos, sin embargo, le debo tanto al conocerle a Usted, que desde el 17 de mayo de este 2009, mi corazón está contrito, porque como pasa con los grandes y humildes hombres de la historia, los creemos y queremos eternos tanto en la vida presente como en la eterna y Usted, nos dijo ya hasta luego. Se marchó a esa dimensión donde nos aguarda la eternidad, donde desde allí se recrea seguramente al mirar sus pasos en las huellas profundas que dejó en el mundo de la Literatura y su postura ante lo social y político, lo religioso. Se le respeta y respeto en sus posturas, a hombres como Usted, se les admira y sigue sin pedirle carnet de afiliación alguna.
Por eso, desde donde esté, permítame dejar aquí uno de sus poemas quizás más conocidos, poema que he repetido tantas veces, porque es un himno de “solidaridad en el sentimiento amoroso”, aplicable a cuánto signifique “contar con alguien y con Usted”:
HAGAMOS UN TRATO
Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo
(de una canción de CARLO PUEBLA)
Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.
(Mario Benedetti )
Pero además, me gustaría recordar aquí, con Usted un poema que lo descubre, en esa dialéctica que sufren de vez en cuando los incrédulos haciéndose la pregunta que muchos nos hacemos:
¿Y SI DIOS FUERA MUJER?
¿y si dios fuera mujer?
pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico y su amor no de ángeles
ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia
Mario Benedetti
Su biografía, mi querido Maestro, la dejo para los biógrafos, sólo sé que desde 1920 en El Paseo de los Toros en Uruguay a 2009, en su Montevideo del alma, Usted plenó de luz a esta parte de la tierra y ¿por qué no? a todo el planeta.
No me despido, me quedo con Usted al abrir cualquiera de sus libros, o al cerrar los ojos y repetir alguno de sus versos, dando gracias por el fuego que nos deja.
Hasta siempre ¡Poeta!
Yo.