
Extraño sentimiento:
Estaba realizando algunas tareas del hogar, sí, de esas de las cuales seamos solteras, casadas o lo que seamos en estado civil, nos toca realizar, bien por nuestro bien y comodidad y hasta por obligación, cuando, me detuve. Me detuve en medio de la sala de la casa, sólo estoy yo, nadie perturba el silencio dentro de la misma, afuera hay ruidos, muchos, construcciones cercanas, carros que pasan, gente que habla. Mas, de pronto, me encontré a solas conmigo. Un remolino de emociones se formó, justo en el centro del pecho. Y como es habitual en mí, sensible, romántica, impulsiva y ciega, dos lágrimas quedaron embozadas en mis ojos. Porque , así de un golpe, no supe hacia dónde encaminar mis pasos.
Una película acelerada pasaba delante de mí, los recuerdos lejanos y cercanos fueron borrasca que iban arrasando el equilibrio de mi ser y estar. Yo, soy de coraza de acero para enfrentar los grandes desafíos, optimista, con garra para la lucha por la vida, terca, necia, obcecada en mis propósitos, la palabra imposible no cabe en mi vocabulario, sin haberlo intentado miles de veces, y si queda lugar y tiempo miles de veces más. Infundo esa fuerza en quienes tambalean, sin embargo, para mis sentimientos de amar soy frágil, brizna, haciéndome presa, carnada a mano, de todas las angustias.
Hoy, me siento con el corazón en un puño, por mi madre, mis seres queridos. Pero también por el amor que sembrado ha quedado en mí, aunque le haya escrito, dicho, gritado, puesto en grafitis, publicado en mil periódicos, me haya rasgado la piel, se la haya hecho jirones por mi dolor, siendo humana, muy humana en el lado oscuro de mi sentir, le haya dicho pues, tantas veces adiós, en la larga despedida que nunca se da, hoy a ese mi Amor, raro, que se confesó junto conmigo, orate, le digo, que siento su temor. Que me aferro a mi fe para que le de la paz necesaria para enfrentar sus miedos.
Y es alli, extraño sentimiento, donde vuelvo a ti. Porque no sé, ni qué sentir, ni cómo, ni de aqui en adelante, ni para dónde. Busco, miro a mi alrededor, mallas, redes, hilos, sogas que sostengan, lianas que me permitan andar como Tarzán, o como Chita , según se vea, en medio de los bosques, sólo que aqui es mi bosque interior el que me habita.
Y ante el silencio de escuchar una y otra vez el repique del teléfono, en la llamada nunca tomada... me vuelvo a preguntar...¿cómo es que este extraño sentimiento se anidó en mí?
Ya ni sé si buscar respuestas, queda de ti atentamente,
Yo...a lo mejor Chita que no Jane, ni mucho menos Tarzán.