martes, 3 de noviembre de 2009

Carta al vacío


Desconcertante vacío:


Perdone usted, no escriba su nombre en mayúscula, pero como comprenderá su propio significado me resulta hueco, vano, siendo la oquedad de un todo o del trozo de algo que habitaba en mi ser, sin hablar de lo que significa usted, cuando un miembro, una parte del organismo interno o externo del cuerpo que me contiene, es cercenado, lo que queda entonces es otro vacío. Podrán en lo externo crear simuladores, reconstruir con artificios, pero dentro de una se sabe a ciencia cierta que el vacío persiste.
Mas, no es ese el que me preocupa, ni quita el sueño, ni me entristece, estoy viva por ello. El vacío que merma mi existencia en lo etéreo de mi ser, es el vacío sin nombre y con todos los nombres, es la hondura del sentir, sin sentir asidero alguno, es la sensación de tristeza en una soledad íntima, sin espejos, ni palabras.
Es usted el causante de unas lágrimas que afloran en mis silencios, de mi andar lento, pesado, de mi mirada triste y perdida en el horizonte que ondea ante mis pupilas.
No me reconocen quienes me conocen y aman, no me reconozco en el no conocerme y amarme aún a pesar de los esfuerzos por no desfallecer.

Es usted, señor vacío, adjetivo que no contiene nada, el que perturba mi otoño invernal.
Sería una ingrata si digo no tener amor que llene, mas, el esquivo, el que dejé en un recodo del camino, horadó mi alma y me dejó sin tiempo.

Nada más quiero decirle, nada más puedo expresarle. Será un estado, una espina clavada en lo que ni sabemos existe y llamamos alma. Será el pasar en los pesares.

De usted, sin ánimo de seguirle teniendo entre mis destinatarios,

Yo, quien alarga las manos al vacío de un espacio, sin ti.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Carta a lo que Soy


Soy


Soy un trozo de tierra
o un manto de mar.
Quizás un haz de cielo
o una riada tranquila,
desbordada,
en un río de espuma.

Soy tanto en lo que soy,
que los sueños se pierden
en la ojiva del horizonte,
que la vida se me escapa
en la vida de los otros,
por ser los otros
los que viven en mí.

Soy estas palabras,
esta carta que te escribo,
o algún verso perdido
colgado en tus labios
o en los labios de ella
o en los de él.

Soy, esa que soy:
un trozo de algo,
un poco de mi,
un mucho de ti
y un nada que navega
en los silencios del alma.

Soy una mujer
ni buena ni mala,
santa o libertina
pecadora o redimida,
simplemente,
soy por ser... lo que soy.

Yo.
Esmeralda

martes, 1 de septiembre de 2009

Carta a la Razón que el Corazón no entiende


Enigmática Razón:



Todos los días de esta vida me he encontrado pensando en ti, en la Razón, motivo, causa, consecuencias de mis actos y sentires. Me he enfrascado en una lucha constante de saber si mis razones son válidas, verdaderas para los actos que he llevado a cabo en mi existencia y de repente me encuentro desorientada , sin brújula cierta que me lleve a puerto seguro y es que a la deriva va mi barca desde hace un tiempo.


Busco definirte Razón y encuentro, lo que ya sabía por ser tú, un descubrimiento griego, una parte de la filosofía, del pensamiento de las premisas que nos planteamos, de los conceptos inculcados de generación en generación como base de familia, seguidora de reglas sociales en el espacio geográfico que me ha tocado vivir; receptora de las políticas educativas en las cuales he estado inmersa y de las que adquirí mis bases de formación integral para el conocimiento universal de la cultura y la especialidad en una carrera a seguir en la profesión vocacional que ha sido "razón" para mi realización y subsistencia.


He de suponer eres una base para reconocer e identificar conceptos, analizarlos, cuestionarlos, deducir e inducir todo cuanto distinto sea a los que capto o tengo por cierto, para entonces descubrir que hay certezas que no son tales, coherencias cuestionables y volver a comenzar al descartar lo que ya parecía un camino seguro en los caminos del vivir entre la lógica, la razón y el sentir.


Es entonces cuando me cuestiono. El dicho tan cacarareado de que "hay razones que el corazón no entiende", se agiganta ante mí en la lucha de saber, de sentir que tengo razón y sin embargo los otros, tú o aquel, me hacen ver es posible venga equivocada por décadas de vida, que no hay que ser tan cándida, que no hay que creer como he creído, que la vida no puede ser una taza de cristal expuesta al mundo, que el decir lo que se piensa o siente sin cortapisas es una daga que puede devolverse y herir sin contemplación, porque mi verdad, razonada y analizada bajo lupa, puesta en cuestionario para verificar en estadísticas si hay un número de seres pensantes y con sentimientos que den luz a la razón que me mueve, encontrando adhesión, razonamientos, inclusive más enriquecedores, no dejan lugar a dudas que, si es cierto que pueda andar equivocada en algun punto de mi gran ecuación de vida, también encuentro identificación y "razones válidas para actuar como actúo, casi siempre" . Si todo esto ha ocurrido, mi pregunta a ti, Razon es, ¿por qué me siento tan mal a estas alturas de mi vida, cuando debería estar gozando de la paz que da la sabiduría de los años y el pasar por todo lo que hay que pasar para poder apreciar mejor la vida, al tocar los umbrales de la muerte?
Al volver sobre lo escrito, quizás el problema esté en el "casi siempre tengo razón" , porque nadie tiene la "razón absoluta" eso es una prepotencia y un engaño feroz, atroz a la propia mente y al propio sentir.

En resumidas cuentas, lo que me mueve a escribirte es que desde hace unos días, no me encuentro en el encontrarte para tener una "razón" que me mueva con alegría de seguir aquí.


Con las dudas y el desconcierto de andar a la deriva en el mar de la existencia,

de ti,

Yo


sábado, 15 de agosto de 2009

Cartas de amor para ti I


Cielo mío:



llega la noche y con ella , todas las penumbras y miedos acumulados durante el día.
Los caminos inciertos, las dudas, el temor a lo ignoto, a lo que presumimos luz y encontramos hecho sombras.

Llega la noche y las pupilas tratan de guardar el máximo de la imagen que forjará los sueños: quizás, el aleteo de un pájaro azul, una flor amarilla que parece un sol, una nube blanca, muy blanca persiguiendo el ocre del ocaso; quizás, una mano extendida ofreciendo un algo o un mucho, unos ojos que al mirarlos parece que embrujan, o una sonrisa siempre estampada en el rostro que se hizo eterno.
Quizás también, por qué no, una boca que invita al beso en un silencio de rumor de bosques, de marejadas lejanas en el cuenco de una caracola.

Amor mío, llega la noche, esta noche, la que vivo entre el calor de unas paredes que atrapan y la libertad de un espacio que abarca la vida. Llega el momento, de sentir que en las horas nonas, tu piel es el mejor abrigo de la madrugada, tus brazos la seguridad de no caerme y tus hombros, amor, tus hombros , el consuelo de un alma agitada por todos los miedos.

Me pides te sueñe, te pido me sueñes y en el despertar de una nueva aurora, seas el fulgor que mis ojos ansían.
Buenas noches , mi amor.


Te besa, quien te llama en cada latido de su corazón...yo.

lunes, 3 de agosto de 2009

Carta a mi Madre


Amada mía, mamá:


Pareciera una ironía el escribirte esta carta, cuando habito en estos tiempos, en el hogar que forjaste junto a mi padre, precedido en el tiempo de las despedidas siempre tempranas, siempre nostálgicas, nunca asumidas totalmente.

Pero aquí estoy, frente a esta pantalla, en el cobijo de la noche y bajo la música de la lluvia que la refresca. Desde aquí me es dable escuchar tu respiración, me acompaña siempre en madrugadas de insomnio, de tristezas infinitas, de silencios y secretos, de una soledad necesaria para que no veas mis ojos tantas veces llenos de lágrimas.

Porque lloro madre, lloro por tanto pasar en la vida de la mujer que pariste y que hoy es tan anciana como tú. Lloro por mí, por mis desaciertos, por mis dolores callados disfrazados de sonrisas. Lloro por ti, porque eres una pavesa que se me va extinguiendo, sin poder hacer nada, tú, que me enseñaste desde que me recuerdo en la tierra, jamás decir "no puedo", sin haberlo intentado todo. Me frustra no encontrar el camino viable a la salida de este laberinto trágico y sin regreso a los pasos dados. Me dueles madre, porque sé que el tiempo es implacable, es un tirano que pasa en contravía de lo deseado.


Mas, en este momento, déjame decirte ¡cuánto te amo!, cuán orgullosa soy de ser tu hija, cuánto me has dado en la formación de hogar grande inculcado hasta lo más profundo de mi ser y en el ser de mis hermanos.

Te ves tan frágil, tan brizna y sin embargo estás hecha de una materia fuerte, magnífica, porque eres una mujer magnífica. Lo que llevo de vida, lo que me queda, no alcanza madre, para demostrarte, para retribuir en algo, todo el amor y la dedicación con que nos criaste.

Pero mi alma está contrita, tu dolor me atraviesa, me parte en trozos que cada noche, cuando nadie me ve, recojo y reconstruyo para que no percibas (al menos es la ilusión que tengo, porque tienes ese mágico sexto o décimo sentido maternal que todo lo sabe) el rompecabezas en que me he convertido.


Mamá, cierro los ojos y me veo contigo en cada etapa de la vida, en cada aprender juntas desde la escuela las materias que estudiaba, siempre sentada a tu lado, leyéndote y tú preguntando todo. Como en una película muda pasando rapidito; me miro creciendo de tu mano, mano que sabías debías soltar un día, con todos tus temores, angustias, para que volara del nido a realizarme en mi propia vida y en el lugar que tocara. Me siento mamá aún apretada a tu regazo cuando el miedo hacia presa de mí. Hoy es mi pecho el que te acoge y mis brazos los que te sostienen.


Esta carta mamá pudiera ser muy larga, sin embargo, sólo quiero dejarte escrito, publicado y refrendado el infinito amor que te tengo, porque como tú...no hay dos. Sí, bien lo sé que todos los hijos sienten lo mismo, o al menos debieran sentirlo. Pero eres mi madre, la que conozco, la que me ha cuidado y cuida pendiente de cualquier gesto mío, más que de sus propios pesares. Te amo mamá, cuenco de mi vida, barro del que me hiciste tierra en el mes en que me trajiste al mundo. Lo bueno que pueda haber en mí, te lo debo a ti.

Te amo mamá y quiera Dios obre el milagro de abrazarte, llenarte de besos cada día , por un tiempo alargado en las fechas escritas de los finales.


Mujer maravillosa, infinita, mamá, ¡bendición!


Con todo mi sentir bonito para ti, en la nunca despedida,

tu hija, la mayor.

Yo.



miércoles, 29 de julio de 2009

Carta a la Sensualidad


Mmmmmmm

Siempre presente Sensualidad:


Podrás dormir alguna vez, quizás quedarte sentada en algún sofá en espera del cuerpo que se fue a tomar un café y no volvió. Tal vez entre tanto devenir, andar a las carreras por todo, te haces invisible, etérea en la piel que siempre es sensual a pesar del tiempo y de la “gravedad”-léase caída libre de algunas partes del cuerpo-, caída implacable que sufrimos los seres humanos, aunque también nos “inflemos” un poco y no de lujuria o deseos, si no de peso en la masa corporal del “metabolismo que nos cambió” (vaya excusa). En fin, que hoy mi querida y siempre danzante sensualidad, eres destinataria de estas letras que jamás te escribí.
¡Ay! Que eres una palabra que relame, que al pronunciarla o escribirla, miles de imágenes se posesionan de nuestra mente y nos hace golosos, en el mojar los labios o sonreír papando moscas, ante un recuerdo, un aroma, un entrecerrar los ojos para recordar momentos mágicos y hasta quizás para imaginar lo que no ha sucedido con quien quieres que suceda todo, teniendo esa sensación de que hay algo que no has vivido, que sólo lo has disfrutado en la fantasía, en la metáfora de tu cama vacía de medio lado, o en tu cama ocupada, pero sin ganas de la otra mitad.
Ser sensual es gozar de los placeres de los sentidos, por lo tanto eres un todo, eres lo que nos habita e incita al deseo sexual, a la satisfacción de una de nuestras primigenias necesidades y como necesidad al fin, al satisfacerla, se siente ese placer infinito de bienestar, del instinto saciado, a sabiendas que al rato, -aquí una acotación sobre lo denominado “rato”; como el tiempo es algo tan indefinido ese rato puede ser largo o corto, o eterno o hasta siempre jamás, vaya usted a saberlo-, aunque al rato, repito, vuelva un@ a sentir las mismas ansias que acabas de saciar.
Además, también quiero decirte Sensualidad, que me alegra mucho tengas nombre de mujer, porque te precede el artículo que marca tu género: la.
¿Te das cuenta? nos embargas en la dualidad, en la ambigüedad que muchos no quisieran, sin embargo vives en cada quien sin importar su sexo u orientación sexual.
Eres una maravilla, además que nos llevas tantas veces por la “calle de la amargura” del deseo, bien sea por un roce, una mirada, un sueño, una fantasía, un beso, el abrazo acariciado que haces sientas ese calor que invade, llevas nombre de mujer porque eres femenina.
Tal vez por eso, enciendas tantas pasiones como ternuras entremezcladas en todo cuanto puedas percibir a través de los sentidos de quienes nunca se tachan de hedonistas, porque les parece que la palabra es fuerte y los etiquetan como algo enfermizo, cuando el hedonismo vive y pervive en cada quien , sólo basta tocar la tecla o el punto adecuado para que salte. Claro, se entiende en una sexualidad sana, conforme a lo que cada quien quiere experimentar o vivir como adultos, sin tabúes y frenos de la palabrita, NO, sin darse la oportunidad de probar si gusta o no el manjar ofrecido. En los más jóvenes, el descubrimiento hace de la vida, la especulación más grande y fascinante del mundo, ya llegarán a sus puertos.
Lo cierto es que desde hace unos días vengo pensando mucho en ti, además de sentir que la vida es muy corta e impredecible, que las hormonas a veces salen a pasear tocando las puertas que creíamos cerradas con cuatro cerrojos y que hay que vivir, lo que de vivir nos queda disfrutando de cada instante que la memoria, el presente y los sentidos alertas y no adormecidos nos dejen.

Si, mi querida Sensualidad, de repente, el cuerpo ha regresado al sofá, ya no con un café, quizás con una copa vacía para llenarla de ti.

No me despido, ¿por qué habría de hacerlo? En muchas de mis cartas nunca digo adiós, en esta, menos aún.

Te abrazo con todo lo que de abarcar puedan mis brazos.

Yo.

miércoles, 22 de julio de 2009

Carta a la Gratitud




Mi siempre amada Gratitud:



Me he quedado sola en casa, leía un comentario entre muchos comentarios escritos en tantas partes. En todos o en casi todos un "gracias", "agradecida(o)", siempre una palabra que hace fehaciente el "sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera." (RAE). Lo traigo así, tal cual lo define el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española.


Yo sé que tú sabes Gratitud, que tengo miles de defectos, que suelo ser terca hasta lo irracional cuando siento tengo razón y no me demuestran lo contrario, que puedo ser "iracunda" cuando me siento herida, molesta por las acciones que duelen en mí hasta desgarrarme por causa de los otros, que soy humana en mis lados grises y más aún en los negros. Pero si hay algo que me reconozco sin ambages ni falsas modestias es, que te tengo en mí , como el haber más grande en mis cuentas de ahorro de la vida.


Soy agradecida por naturaleza, doy gracias por todo y hasta por nada. Quienes me conocen saben que un Dios te pague cuelga siempre de mis labios, que las infinitas gracias las doy hasta marear, porque no hay nada más gratificante que agradecer el bien recibido por pequeño que este sea.


Y hoy Gratitud debo agradecer a cada uno de mis lectores, a cada uno de mis amigos virtuales y aquellos que conozco de "vista, trato y comunicación", por cada palabra, gesto, que ha hecho y hace más llevadera esta angustia en la que vivo.


Hoy y quizás mañana, si mañana llega, mis gracias seguirán tatuadas en este papel público e intangible que es una página de un blog, pero que llega. Te llega a ti que entras por primera vez o que vuelves siempre para saludar o encontrar otra Carta nunca escrita.


Gracias doy al Dios de mi creencia, por aún seguir y sostener a quienes me tienen como un árbol que cobija, cuando no soy más que una brizna planeando en el viento sin puerto alguno.

Gracias doy a quien llama cada día para saber, a quien cada día me escribe una nota olvidando que antes de ayer nos dijimos adiós.

Gracias a ti Gratitud por existir en la palabra y en el sentimiento que me da la oportunidad de abrazarte en el abrazo que doy a cada ser que me deja un poco de sí, en este Buzón de Cartas ausentes y nunca escritas.



No me despido, nunca podría.


Te amo,

Yo.

lunes, 13 de julio de 2009

Carta a este no sentir


Carta a este no sentir



Extraño destinatario:



He llegado al punto en que no sé si siento, porque escribir al no sentir, es escribir a la nada de lo que habita en el cuerpo.

Es escribirle a la desazón, al desamparo, a la angustia o la mengua del tiempo en la vida que se quedó de repente sin sabor, sin aromas, sin mirada hacia alguna parte, sin sinfonía interior para escuchar los acordes del alma.

Te escribo y me escribo en este yo extraño, vago de limbo, perdido en el dolor y afincado en la estepa de una esperanza lejana.

Me duele el cuerpo, cada poro de mi piel, cada órgano, cada mirada hacia lo infinito que se acaba en el horizonte que cambia de lugar cada vez que giro y sin embargo es la misma línea difusa y distante.

Te escribo porque me siento enajenada en medio de un laberinto sin salida alguna, donde no hay candil que ilumine una alegría en medio de tanta angustia y tanta soledad.

Esta carta nunca escrita, al no sentir , es quizás la paradoja más grande que deja palpable el sentimiento más hondo en la sima de mi vida.


En la espera de un milagro,


Yo.

viernes, 3 de julio de 2009

¡Aló! Carta a una llamada


¡Aló! Carta a una llamada


¿quién llama?
¿acaso un borrón,
dos trazos,
una nube gris
que por gris ya es negra,
un ruido fastidioso y constante?
o…¿ llama la abulia de una tristeza
sostenida de un dolor sin asidero alguno?

¿quién llama?

Esmeralda Urrutia
Venezuela


Esperada y nunca llegada llamada:

Esta carta es corta, tan corta como el repique ansiado y nunca escuchado del teléfono que descansa sobre la mesa que lo sostiene.
Es tan corta porque de tanto esperar, eché raíces andando por las lindes de mi propio laberinto.
Esta carta a la esperanza del consuelo a tiempo en la voz que se escucha en la distancia, es tan corta como el click que cierra toda posible comunicación en el silencio del espacio que nos separa.
Esta carta no tiene sentido, como sentido no tiene esperar que seas diferente a lo que te empeñaste en ser.

Olvidando tu existencia, me despido de ti, con el dolor de mi mirada perdida y el desconsuelo de comprobar una vez más, que hay quienes no comprenden que:“obras son amores y no buenas razones”.

De ti,
Yo.

jueves, 25 de junio de 2009

Carta a una carta con destino y sin regreso




Querida Carta:


Es verdad, hacen quizás más de trescientos sesenta y cinco días que te escribí, sólo que hoy has atropellado mi recuerdo. Hoy llegaste de repente y sacudiste lo que de mi alma queda, lo que de mi corazón palpita al nombrarte aún. Porque eres una de esas cartas que escribí con el sentimiento por pluma y la verdad desnuda de toda clase de artilugio, adorno o deseo de impresionar, era simplemente mi yo garabateado en unas palabras, vestido de negro en la tinta que pintaba al papel. Porque no sé hacerlo de otra manera, porque soy yo entera ante el papel en blanco, porque la pluma es la batuta de mi sinfonía interior, porque por ello escribo cartas nunca escritas, porque soy la palabra que se guarda en un sobre y se echa en un buzón. Pero da la casualidad, que tú sí fuiste escrita, si fuiste enviada por el correo antiguo, con matasello y estampillas de certificada, para que no quedaran dudas y por lo menos tener un poco más de seguridad de que llegarías a tu destino.
¡Tu destino! Llegaste a tu destino, sólo que el cartero jamás tocó a mi puerta con una respuesta, con un acuse de recibo de lo que te había enviado con un papel que me quedara en las manos para acariciar tu recuerdo. Con un “firme aquí señora y tome el sobre que le ha llegado”.
Hoy te escribo carta que sí escribí, porque de repente, me he sentido sola en una batalla que quise no saber estaba perdida desde antes de comenzar la guerra ( que no hay que asustarse que son guerras de emociones y sentimientos, no de las cruentas y crueles que vivimos en el mundo a diario), o a lo mejor sí lo sabía pero me resistía a reconocerlo.

Hoy te escribo carta con destino y sin regreso, porque el horizonte se me ha hecho más lejano y porque hoy, me duele no recordar lo que en ti escribí.

De ti siempre,

Yo.

martes, 23 de junio de 2009

TELEGRAMA URGENTE II AL GUARDIÁN DE LA SALUD

TELEGRAMA URGENTE II AL GUARDIÁN DE LA SALUD




Sr. Guardián de la Salud
Cuerpo Esmeralda
Paraíso postal N° 9
Cartas ausentes
Venezuela.-


Ruégole Muy Señor Mío, desde este marasmo de quebrantos físicos de cierta consideración, los que me mantienen entre la cama de convaleciente y la cárcel de cuatro paredes a la que estoy confinada, se digne Ud., dar paso a la salud que en estos días sobre todo, ha sido tan necesaria para poder ser, no sólo para mí, sino también para otros, amados míos, cercanos míos.
Esperando atienda con urgencia el pedimento que aquí le hago,

Atentamente de Ud.,


Yo

domingo, 7 de junio de 2009

Carta a Mario Benedetti


Querido Don Mario:

Quizás Usted, estaba acostumbrado que lo tratasen tuteándolo, mas, el que le trate de Usted, tenga por seguro no significa que no lo tenga por cercano, por ser parte de mí desde que nos presentaron. Y para que vea lo que son las cosas, de ese conocerle no hace ni una década, porque yo, que vivo entre libros de autores conocidos y menos conocidos, no había llegado aún hasta  Usted , pero llegó el día en que una amiga amante de la palabra, hace alrededor de cinco años me hablara con tanta pasión de sus obras, que me llevó a descubrirlo en “El olvido está lleno de memoria”, en todos sus “Inventarios”, en algunas de sus novelas, porque confesarle quiero, que no todo lo que ha escrito tengo. Se me han escapado quizás algunas de sus obras fundamentales, pero, es innegable que basta leer alguna de sus novelas, o su poética, para enamorarse de su estilo, de su manera de narrar, de su llegar a lo profundo del alma o a la sonrisa socarrona de sus ironías tan bien descritas hasta en su versos.
He llenado ausencias con su palabra, he compartido presencias con Usted, también.
Usted, me abrió un mundo nuevo en la manera de relatar lo que siento en “ensayos” de poemas, me enseñó a escribir sin punto y coma, sin mayúsculas o con todas las mayúsculas, aprendí de Usted a decir lo que siento sin colocar cortapisas, sin cerrar los ojos ante lo que en mi entorno pase o ante lo que mi corazón sienta.
Uruguayo Usted, venezolana yo, no me conoció de nada, no nos tropezamos en alguna calle o en alguna librería o en un teatro donde Usted fuera el invitado para un festival o recital que diera. Nunca nos tomamos un café juntos, sin embargo, le debo tanto al conocerle a Usted, que desde el 17 de mayo de este 2009, mi corazón está contrito, porque como pasa con los grandes y humildes hombres de la historia, los creemos y queremos eternos tanto en la vida presente como en la eterna y Usted, nos dijo ya hasta luego. Se marchó a esa dimensión donde nos aguarda la eternidad, donde desde allí se recrea seguramente al mirar sus pasos en las huellas profundas que dejó en el mundo de la Literatura y su postura ante lo social y político, lo religioso. Se le respeta y respeto en sus posturas, a hombres como Usted, se les admira y sigue sin pedirle carnet de afiliación alguna.
Por eso, desde donde esté, permítame dejar aquí uno de sus poemas quizás más conocidos, poema que he repetido tantas veces, porque es un himno de “solidaridad en el sentimiento amoroso”, aplicable a cuánto signifique “contar con alguien y con Usted”:
HAGAMOS UN TRATO


Cuando sientas tu herida sangrar
cuando sientas tu voz sollozar
cuenta conmigo
(de una canción de CARLO PUEBLA)




Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo
si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo
si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo
pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.
(Mario Benedetti )

Pero además, me gustaría recordar aquí, con Usted un poema que lo descubre, en esa dialéctica que sufren de vez en cuando los incrédulos haciéndose la pregunta que muchos nos hacemos:


¿Y SI DIOS FUERA MUJER?
¿y si dios fuera mujer?
pregunta juan sin inmutarse
vaya vaya si dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas
tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce
su pubis no de piedra
sus pechos no de mármol
sus labios no de yeso
si dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos sida o pánico
nos contagiaría su inmortalidad
si dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno
con sus brazos no cerrados
su rosa no de plástico y su amor no de ángeles
ay dios mío dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería
qué venturosa espléndida imposible
prodigiosa blasfemia


Mario Benedetti

Su biografía, mi querido Maestro, la dejo para los biógrafos, sólo sé que desde 1920 en El Paseo de los Toros en Uruguay a 2009, en su Montevideo del alma, Usted plenó de luz a esta parte de la tierra y ¿por qué no? a todo el planeta.


No me despido, me quedo con Usted al abrir cualquiera de sus libros, o al cerrar los ojos y repetir alguno de sus versos, dando gracias por el fuego que nos deja.

Hasta siempre ¡Poeta!

Yo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Carta a la Quimera





Extraña Quimera:
( La foto es una réplica de "La Quimera" de Nicanor Plaza (1844-1918) que se encuentra en la Universidad de Concepción, Chile. La estatua original de mármol se encuentra en el Museo de Bellas Artes, en Santiago.)



Lo lamento, pero así comienzo esta carta para ti. Porque eres extraña, porque tu nombre, sustantivo, sujeto o lo que seas dentro de la gramática, eres una mezcla rara de orígenes y de sentires.
Según leo en Wilkipedia, el término quimera se puede referir a:
El
monstruo de la mitología griega, con partes de león, dragón y escorpión;
Según la
RAE, es "Aquello que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo".;
El miembro del
orden Chimaeriformes, un grupo de peces cartilaginosos lejanamente emparentados con los tiburones;
El individuo afectado por el
Quimerismo;
En
paleontología una quimera es un fósil compuesto por partes de individuos de diferentes especies, que cuando fueron descubiertos se creyeron restos de sólo una;
Obtenido de "
http://es.wikipedia.org/wiki/Quimera"




(Quimeras en la decoración externa de la Catedral de Nuestra Señora de París)


En la mitología griega, Quimera (en griego antiguo Χίμαιρα Khimaira; latín Chimæra) era un monstruo horrendo, hija de Tifón y de Equidna, que vagaba por las regiones de Asia Menor aterrorizando a las poblaciones y engullendo rebaños y animales. Fue madre con Ortro de la Esfinge y el León de Nemea.

«Quimera» procede del griego Χίμαιρα Khimaira, que significa ‘macho cabrío’. Puede que tras el mito esté una batalla real contra un líder guerrero o un bandido cuyo nombre, título o símbolo tuviera que ver con el macho cabrío.
Las descripciones varían desde las que decían que tenía el cuerpo de una
cabra, los cuartos traseros de una serpiente o un dragón y la cabeza de un león, hasta las que afirmaban que tenía tres cabezas: una de león, otra de macho cabrío, que le salía del lomo, y la última de dragón, que nacía en la cola. Todas las descripciones coinciden sin embargo en que vomitaba fuego por una o más de sus cabezas. Era sumamente rápida.

Quimera fue derrotada finalmente por Belerofonte con la ayuda de Pegaso, el caballo alado, a las órdenes del rey Iobates de Licia. Hay varias descripciones de su muerte: algunas dicen simplemente que Belerofonte la atravesó con su lanza, mientras que otras sostienen que la mató cubriendo la punta de la lanza con plomo que se fundió al ser expuesto a la ardiente respiración de Quimera.


Otros significados


El término quimera o quimérico se usa a menudo como paradigma de lo fantasioso, sobre todo si es favorable: lo utópico. En inglés, y en español en contextos técnicos, se usa metafóricamente para describir cosas que tienen atributos combinados procedentes de fuentes diferentes. En genética, por ejemplo, un organismo o tejido creado a partir de dos o más fuentes genéticas diferentes se denomina quimérico, como en pacientes sometidos a trasplantes con órganos de otros donantes. Ese sentido de mezcla o hibridación también ha pasado al español a través de ficciones modernas (juegos de ordenador, anime, manga...).
También se suele denominar quimeras a los leones chinos o
perros de Fu.

____

¡VAYA! ¡cuánta fantasía crea nuestra mente con la palabra QUIMERA! . Lo cierto es, que en literatura y en manos de los románticos, poetas, escritores o relatores de emociones y sentimientos como yo, te hemos usado en tu acepción ilusoria de algo inalcanzable, de lo deseado, la utopía creada en nuestra alma, corazón y más de las veces, en la mente, tratando fuera real y alcanzable lo sentido, pensado y sobre todo lo deseado.
Te tengo por aquello que se desvanece por creerlo posible y resultas un madero en llamas, vuelto tizón que se apaga en cenizas, algo feo, aborrecible en su origen.
Eres un monstruo horrendo que engulle rebaños y animales. Y lo más triste, que engulles todas nuestras ilusiones.
De repente, la representación que hace Nicanor Plaza de ti en esa estatua hermosa de mujer, que encabeza esta carta, es la imagen que de la quimera quizás guardamos todos en lo etéreo y lo inalcanzable.
También lo que sé es, que últimamente, mi corazón guardó un amor que no fue más que un espejismo, un ensueño, una realidad sólo vista desde mi óptica. Jamás pude conocerla, jamás supe cómo es en verdad, porque ella misma no es más que… una quimera.

Con todo el enredijo que supones quimera, me despido de ti, tratando que al instante siguiente de mi vida errática y perdida hoy, escapes de mi mente, para aposentar en ella la realidad de un ser que sí sea lo que ansía el tiempo que me queda por vivir.


Desde lejos y con lentes obscuros,
Yo.

martes, 26 de mayo de 2009

Carta al Baúl de los Recuerdos





Querido Baúl:

¡Vaya con estas nostalgias! Por ese andar acomodando cosas en mi habitación, me topé contigo. Te miré largamente, acaricié tu tapa, quitando restos de polvo. Miré la cerradura, que no es tal, es esa bisagra larga que guarda el candado pequeño y en este caso abierto. Nadie más que yo hurga en mis cosas.
Te abro, tratando de recordar lo que ha merecido guardarse allí. Mucho más, seguro, ha debido o debe estar allí. Pero es el baúl de los años de antaño. Encuentro fotografías, familiares, mías de recién nacida, me asombra ver a esa pequeña, soy yo y sin embargo tomando el sol en el jardín de la casa que me vio nacer, sobre esas mantas, sólo miro a una bebé que ya despuntaba robusta y parecida a mi padre. Me cuesta pensar soy la misma, claro , allí en proyecto de absorber lo que la vida en mi vivir, me tenía deparada.
¡Oh, qué lindo! estaba aquí, la fotografía que atrapó en el tiempo la primera vez que vi al mar, ver el Lago de Maracaibo, cruzarlo en sus ferrys era ya un asombro. Mirar el mar, otear su horizonte, aspirar su aroma, caminar sobre la arena cálida de esa playa,litoral y famosa de entonces, me hizo comprender a mis pocos años, que existen inmensidades que los ojos no pueden captar.
Más fotografías, de mis padres, hermanos, tíos, ya casi todos los tíos nos han dejado, como los amigos del alma que allí también están atrapados en el tiempo.
Estampitas de santos, papelitos con pensamientos, una agenda con mis primeros escritos; lápices que ya ni madera tienen, mi primera pluma. Dibujos que hice y que nunca quise tirar; recortes de periódicos, revistas, todos, doblados cuidadosamente.
Encuentro, amores que fueron, que son hoy esa otra parte de mí indisoluble. Allí están, junto con una servilleta y un poema escrito en ella, una declaración de amor con dibujitos de corazones, aquellas cartas que me escribieron. La letra de las canciones que me dedicaron un día. Lazos de algún regalo, junto con las cajitas forradas en papeles lustrosos. El pasaporte caducado de un viaje hecho fuera del país. Unas monedas, (colecciono monedas), como colecciono promesas. Si, por extraño que parezca, en mi baúl, encontré revoloteando miles de promesas que me hicieron y quedaron no cumplidas y algunas otras que yo no cumplí. Allí están. Promesas de matrimonio. Promesas de “vámonos, toma mis manos” o de “esto es para siempre”, dicho de parte y parte, sin pensar que el siempre no existe.
Lo extraño es, que sin abrir el baúl, sin guardar nada más, aparecieron nuevas promesas, ilusiones que se han ido rompiendo y entonces, encuentro jirones de vida, trozos de corazón, una botellita en cuya etiqueta se lee: “lágrimas”. Busco más hacia el fondo y sí, también está la cajita de las risas, carcajadas, felicidad sentida antes de cada promesa incumplida o las llevada a cabo.
Te contemplo Baúl, con singular esmero y con la nostalgia llenando mis pupilas. Vuelvo a acomodar lo que fui sacando, quizás alguna ilusión se haya escapado, a lo mejor se evaporaron algunas lágrimas, como también es posible que el sonido de las risas haya aumentado para acallar el silencio.
Termino mi tarea y acabo por cerrarte, sin candado, con la esperanza abierta de que en algún momento, vuelva a abrirte y al hacerlo, encuentre el amor sonriéndome y en las palmas abiertas, cara al sol, todas las promesas.

Me despido de ti, querido Baúl, no sin antes recordar la canción que llegó a mi memoria cuando te encontré:


El baúl de los recuerdos


Que poco significan las palabras
uuuh
Si cuando sopla el viento se las lleva tras él
Y quedan solamente los recuerdos
uuuh
Promesas que volaron y no pueden volver

Vive siempre con ilusión
si cada día tiene diferente color
Porque todo llega a su fin
después de un día triste nace otro feliz

Buscando en el baúl de los recuerdos
uuuh
Cualquier tiempo pasado nos parece mejor
Volver la vista atrás es bueno a veces
uuuh
Mirar hacia delante es vivir sin temor

Los recuerdos son el pasado
Cuando queda tanto por andar
Uuuuuh

Buscando en el baúl de los recuerdos
uuuh
Cualquier tiempo pasado nos parece mejor
Volver la vista atrás es bueno a veces
uuuh
Mirar hacia adelante es vivir sin temor

Si cada día tiene diferente color

Después de un día triste nace otro mejor

Buscando en el baúl de los recuerdos
uuuh
cualquier tiempo pasado nos parece mejor
Volver la vista atrás es bueno a veces
uuuh
Mirar hacia delante es vivir sin temor

Si cada día tiene diferente color

Después de un día triste nace otro mejor
Vive siempre con ilusión
si cada día tiene diferente color
Porque todo llega a su fin
después de un día triste nace otro feliz
Vive siempre con ilusión
si cada día tiene diferente color…
Fuente: musica.com
Karina


Te guardo con todo mi amor,
Yo

jueves, 14 de mayo de 2009

Carta a la niña que fui


Amada niña de ayer no más:


Te escribo desde la nostalgia, desde este hoy que me ha arrancado jirones de alma, dejado marcas en la piel, muestras del renacer en cada entrada a un quirófano, un sobrevivir sobre la marcha de los diagnósticos.
Te escribo, desde mi casita de muñecas, con cocina que cocinaba de verdad, con unos tizones cuadrados blancos que parecían terrones de azúcar. Donde mis muñecos bebés nunca crecían y las que llegaban grandes fueron también hijas, hermanas, alumnas, pacientes, amigas, compañeras inseparables, confidentes de quién sabe cuánta pena una niña puede sufrir.
Te escribo desde mi libro Mantilla, de pasta dura, donde aprendí a leer y desde donde amé cada palabra que me llegaba en todo relato aleccionador que allí moraba, con sus imágenes de principios de siglo XX, los que me hacían soñar en ser como los niños buenos que relataban historias filiales, o como el maestro sabio que daba lecciones de vida en la bondad de una inocencia y el respeto inmenso hacia el prójimo, hermano que la vida nos va regalando.
Te escribo niña de ayer no más, desde mis cuadernos y sillita de cuero, que tenía en la “escuelita paga” de la maestra vecina y jubilada, que no se resistía a dejar de enseñar a leer y escribir a quienes dejaban a su cuidado, y para mí, que contaba con sólo cuatro años, era como un pre-escolar de hoy, pero desde donde salí, escribiendo de corrido, dejando atrás los palotes y las “o” redondas como soles.

Te escribo, desde mi habitación, donde mi cama fue escritorio muchas veces de los relatos que escribía después de leer alguna poesía que me hacía saltar lágrimas o una novela que hablaba de amores imposibles, donde María era la protagonista que moría sin su amado Efraín a su lado. Si hubieras sabido Jorge Isaacs, las veces que releí capítulos de tu maravillosa novela.
Te escribo desde Gallegos, Uslar Pietri, Andrés Eloy Blanco, Juan Antonio Pérez Bonalde, Otero Silva, Guillermo Meneses y la inefable Teresa de la Parra con sus Memorias de Mamá Blanca y su hermosa Ifigenia. Te escribo desde un interminable corrillo de escritores que dejaron mella en mi ser por siempre.


También te escribo desde mis sueños de hacerme religiosa, misionera en África, o en la propia patria sirviendo a Dios en los que nada poseen.


Pero sobre todo, te escribo desde mi inocencia, desde ese punto que sembraron en mí y que cultivé para siempre, en el creer sin falta en el ser humano, en la verdad, en nunca engañar y ser cómo soy, para ser como me enseñaron ser.
Hoy arrastro los abrojos que he encontrado en los caminos, los desencantos, los desamparos, mis iras, mis miedos, mis fracasos y victorias, la vida toda en el vivirla siempre tratando de no perder ese resto de inocencia noble que me hace decirte…a ti, que me lees ahora, te amo, aunque no te conozca de nada, pero baste saber que existes, que en mi palabra me reconoces y te reconoces, para hacerte parte de mí.

Te escribo niña de ayer no más, con el peso de este otoño solitario y doloroso, pero con los ojos llenos de mariposas de todos los colores, los oídos ensordecidos con el canto de cigarras y el chacharear de loros y guacamayas que andaban por las cercas de los patios de todos los vecinos, de la manzana del campo petrolero donde nací y crecí, para hacerme esa educadora de mi libro Mantilla y esta relatora de sentimientos en cartas nunca escritas.

Te escribo sin despedirme de ti, mi pedazo de niña de ayer, que aún habita en mí.

Te quiero,
Yo.


martes, 5 de mayo de 2009

Segunda Carta a los Pronombres (Tú, Él, Ella, Nosotros, Ellos)




Segunda Carta a los Pronombres (Tú, Él, Ella, Nosotros, Ellos)


Mis amados Pronombres Personales:

Los he reunido en una sola carta para seguir la saga que dejó el yo en mi escritura nunca escrita. Así hilo con todos, lo que he guardado siempre en mí.

Amado Tú:

Tú, segundo pronombre, primero en la lista de las preferencias, de lo inmediato, mediato. Primero en el andar conmigo y ser Tú y luego Yo, y después los demás. Tú, quien me ordena, me conduce por los caminos tomados de las manos siendo Tú, aunque segundo en la conjugación de todos los verbos, el que esclaviza o el que redime en todos los actos del vivir del Yo que soy Yo, o de Él o de Ella, o de Vosotros, convulsos seres enredados en el ovillo de la vida.
Tú, quien mora en la luz del salir airoso ante la tragedia, por ser primero sin importar los después. Tú, quien firma antes, quien se sienta en el asiento único y vacío de la sala de espera, del ómnibus o te pares delante de la puerta abierta para que pases Tú y luego Yo que soy tu sombra.
Tú, quien marchas primero, quien sales corriendo desde los pronombres del segundo lugar para llegar a la meta de todos los sentimientos, te encadenas a mi Yo para ser dos, pues sin mí, la vida en los pronombres pierde el significado del…Nosotros.


Tú, el grande e inconmesurable otro yo, desprendido, ególatra a veces, hermano, amigo, gemelo, mancuerna de mí, aramos surcos en el andar por el tiempo.

Queridísimos Él, Ella:

Él, Ella, tercer pronombre, terceros seres en la vida de cada quien.
Él, Ella, los otros próximos a uno, los que se señalan constantemente y rondan en nuestro entorno, como luciérnagas, mariposas , como moscas a veces.


Él, Ella, quienes están allí, alejados y cercanos, al lado, detrás, delante, pero allí, dejándose sentir; porque sin el él o la ella, no somos en la pareja que nos procrearon; sin él y ella, no existimos, aunque a veces quisiéramos echarlos de nosotros, por ser los que nos fustigan, los que nos amagan, los que nos acorralan. Claro que en otras tantas, son los que nos aman o los que se acuestan con uno, los que nos dan los hijos o los que simplemente amamos u odiamos hasta la locura.
Él, Ella, tercer pronombre que por ser dual conviven en la conjugación de los verbos de la vida.

Bien amados Nosotros:

Nosotros, el Yo en plural, el Yo multiplicado en todos, en los nuestros, en los otros.
Nosotros, el conglomerado, el cónclave, el mitin, la bullaranga, el silencio, la iglesia, la secta, la sociedad, la comunión.
Nosotros somos el todo de la nada andante, del sufrir, de la alegría, del saberse muchos cuando se es poco, de saberse nada cuando se es todo.
Nosotros, los que hacemos el pueblo, los que somos la patria, los que hacemos y somos los hijos, padres, generaciones enteras, los que somos, el Él y la Ella que forjamos un mundo de melancolías o de carcajadas.Nosotros los que vivimos lejos de Ustedes, los que vivimos apiñados en el pronombre de todos los que en esta orilla habitan, siendo todos a una, como en Fuente Ovejuna, Señor.


Queridos Ellos:

Los que sentimos fuera, los que dejamos tras la puerta, los que sabemos existen más allá de nosotros.
Ellos, el final de la lista, los emparentados con los Vosotros, con los que llamamos con distinción y sin embargo son igual a todos, a los él o ella, a los tú y yo, a los nuestros, porque aunque queramos desprendernos de todos, somos parte de un solo verbo que conjugamos en común, en los pronombres que somos.






Llego al final sin más y con mucho que agradecerles por existir y darnos nombres en los sujetos que somos, se despide quien siempre será un compendio de cada uno de ustedes,


Yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros , ellos.

lunes, 27 de abril de 2009

Carta a los ponombres ( YO )


Querido primer pronombre personal, amado Yo:



Escribir una carta a los pronombres, ¡si me leyera Pedro Salinas! Pero estas cartas las tenía guardadas en el baúl de los recuerdos escritos. Así que para ti va esta carta , primer pronombre que me enseñaron en la conjugación de todos los verbos, en el andar por todos los sujetos: Yo, egoístamente... yo.

En el tiempo me he sentido seducida con la idea de escribir sobre Yo, ese pronombre personal que es el primero, el que abre fuegos en las clasificaciones de los pronombres, pero que paradojicamente debemos dejar de último siempre en la lista de presentación, en el nombrar a todos y a postrer, a... yo, ¡tanto!, que hasta debemos esperar en el último lugar de la fila de los sentimientos y de la espera.
No hay remedio, por lógica de urbanidad y de sentido común, eterno será, tú y yo, o, lo que sea y yo , eso en el caso de que te incluyan querido pronombre, porque a veces por más que creas...eres un exiliado sin remedio.

Mas, también eres el consciente que vive en mí, el presente en la vida, el que me va dictando las guías a seguir, el que aprende, el que comete errores, el que rectifica, el que mata , el que roba o el que se inmola por causas y banderas, por hijos, por amores o desamores.
Así que haciendo resumen, pensando tranquilamente, desmenuzando sentires, mereces todo nuestro respeto, aunque trastabillees de vez en cuando y no seas tan de elogiar.

Pero... ¿cómo deshacerse de ti? Habitante en uno y que siempre sacamos a pasear, a relucir, en cada momento de nuestra existencia, el que nos deja regusto amargo a veces por sus actuaciones tantas veces incomprensibles para el ego, (que es otra cosa), pero que acabamos perdonando, justificando o simplemente aceptando tal cual es, imperfecto como todo lo que somos.
Le escribo a ese yo, que quiere ser un todo en tan poca tierra y es tan poco entre tanto cielo.

Somos, yo, primero que nada y en vista de ser tan singular, pluralicemos los actos de nuestra vida para dar paso al Tú, y luego al Nosotros. A lo mejor los demás llegarán en algún momento a señalarnos como vosotros y ellos.
Sin embargo en esta carrera que es la vida que vivimos, Yo, vas señalando los caminos, aunque a veces pierdas la visión y hasta la audición, quedando además indefenso entre tanto Ustedes.


Me despido de ti, yendo en pos del Tú.


Te quiero yo,

Yo.

jueves, 16 de abril de 2009

TELEGRAMA URGENTE A LA ANGUSTIA


TELEGRAMA URGENTE



Sra. Angustia
Cuerpo Esmeralda
Paraiso postal Nº 9
Cartas ausentes
Venezuela




En vista de su aposentamiento en mí sin invitación alguna, ruégole encarecidamente, tome sus bártulos y vuelva a su lugar de origen, es decir el todo inexplicable. Deje a la razón hacer su trabajo por la paz de mi espíritu.


Atentemente

Yo

miércoles, 1 de abril de 2009

Carta al olvido


Mi sugerente olvido:


Tantas veces surges en el andar mis caminos, tantas veces te repito en las horas que van pasando. Frases dichas casi sin darme cuenta: ¿cómo es que se dice? , ¡ay, olvidé cómo se escribe esta palabra!, ¿cómo se llamaba aquella chica que estudió conmigo y llevaba el cabello en coleta y que nunca dijo dónde vivía?, ¿dónde dejé las llaves del carro? , esa cara me recuerda a alguien, ¿me tomé todas las píldoras de la mañana?...y así un interminable etcs. de olvidos y no recuerdos.
Y es que nuestro disco duro cerebral, misterioso aún, guarda todo lo que vivimos y lo que pasa hasta en un radio de trecientos metros a nuestro alrededor, sin estar conscientes de ello, guarda y guarda, va desfragmentando, acomodándolo todo en las barras de diferentes colores, bastando quizás el toque de una tecla para que el chip despierte y traiga los recuerdos. Mi querido Benedetti en su hermoso poema y libro, El olvido está lleno de memoria, nos regala este poema que bien describe en parte lo que quiero expresarte, olvido:

Ese gran simulacro

Cada vez que nos dan clases de amnesia
como si nunca hubieran existido
los combustibles ojos del alma
o los labios de la pena huérfana
cada vez que nos dan clases de amnesia
y nos conminan a borrar
la ebriedad del sufrimiento
me convenzo de que mi región
no es la farándula de otros
en mi región hay calvarios de ausencia
muñones de porvenir/arrabales de duelo
pero también candores de mosqueta
pinos que arrancan lágrimas
cadáveres que miran aún desde sus huertos
nostalgias inmóviles en un pozo de otoño
sentimientos insoportablemente actuales
que se niegan a morir allá en lo oscuro
el olvido está tan lleno de memoria
que a veces no caben las remembranzas
y hay que tirar rencores por la borda
en el fondo el olvido es un gran simulacro
nadie sabe ni puede/ aunque quiera/ olvidar
un gran simulacro repleto de fantasmas
esos romeros que peregrinaran por el olvido
como si fuese el camino de santiago
el día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite/
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrará los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.

Mario Benedetti.

Y es así, me da la impresión que a veces es tal la cantidad de recuerdos, que el cerebro sabio, guarda en algún rincón inexpugnable, aquello que nos daña, que nos hizo infelices, al menos eso en la ilusión que ocurriera. Lo trágico está en el olvido por muerte de los espacios donde se guardan los recuerdos, la memoria, esa muerte lenta que es la más larga y dolorosa para quien nos mira ya sin reconocernos u olvida hablar, coordinar los movimientos del cuerpo y ser la pena inmensa de los seres que les aman. Es como dice uno de mis amores en la tierra , quien vivió con su madre en tales circunstancias, y, cuando murió del todo, aferrándose un día a mi abrazo, me decía “es que vi morir a mi madre dos veces”. Y es que se muere tantas veces en el olvido.
Hay tiempos en que se clama por olvidar lo que nos duele, no recordar. No saber más. Dejar de lado toda espina, toda magulladura del alma. Sin embargo, cuando miro hacia atrás y trato de recordar lo que en un momento olvido, siento pánico, si no traigo a mi memoria presente, lo vivido, sea bueno, regular, malo o simplemente infeliz. Porque los momentos felices afloran con más facilidad.
Por ello te escribo olvido, para que no me hagas caso, cuando clame por tirar por la borda algún recuerdo de un amor que se tornó en tortura, haz que de ese amor sólo recuerde el haz de luz que nos hizo felices un instante, o el desencuentro con padres que no están o el que sobrevive, amigos, familia o el jefe en el trabajo o el compañero que nos molesta como una piedra en el zapato, no sean más que eso, desencuentros, que logre, logremos todos, superar los escollos y seguir adelante desechando lo que no vale la pena mascullar, rumiar. Aprender sí de lo vivido, tenerlo allí en ese disco duro para poder discernir en situaciones futuras. Guardar la sabiduría que nos enseña la Escuela, los Institutos, La Universidad, los Libros, la lectura acuciosa de todo lo que nos plena la vida, escuchar al que nos trae conocimientos, crecer.
No quiero olvido, seas una espada de Damocles, quiero seas el guardián de mis memorias. ¿Será posible que así sea?

Se despide de ti quien nunca olvida que un día puedo perderte en esta paradoja increíble de ser el depositario, de todos mis recuerdos.

Yo.

sábado, 21 de marzo de 2009

Carta a este Extraño Vacío



Extraño vacío:

Estaba caminando por los pasillos de la casa que me acoge por hogar en estos días. Mi perrita, saltaba entre mis piernas , tratando de invitarme a que jugara con ella. Tiré al desgaire una de sus pelotas, saltó sobre el muro del corredor, la traía haciéndola sonar, feliz. Miré sus ojos entre parches negros y pude comprobar su amor de animal noble, leal, desinteresado, que sólo aspiraba en ese momento, lanzara sus juguetes para ella correr sin descanso y traerlos a mí, luego, agradecida, mientras me sentaba a mirar el paisaje majestuoso que ante mí se levanta, saltaba a mis piernas y se recostaba sobre mi pecho.
¡Mi pecho! Arrasado de mama, apretado de un claro sentimiento de vacío de adentro, de desamparo, de soledad indeseada, de buscar entre el espacio, el tiempo donde se perdió el encuentro, donde la vida me presentó un destino en el cruce de vía del tren que esperaba y este se trocó en abismo insondable de despedidas sin fin, sin producirse el tan ansiado encuentro, en el andén de más allá.
Siento este extraño vacío de todo, porque todo me puede llenar y sin embargo nada me plena. Es como si tuviera delante de mí el oasis anhelado en el desierto y morir de sed, o, tener hambre, estar delante de la ambrosía, recibir el maná del cielo y morir de inanición.
Te siento vacío, como última estocada en mi andar por este otoño que ya tiene aromas de invierno...
He de escribirte corto, porque cortas son las líneas de este sentir, sintiéndolo todo. Porque si siento esta oquedad que aprisiona los pulmones, que cuaja lágrimas, que hace temblar mis manos y desear correr como mi perrita, en pos de un algo, no pueden ser más las líneas que te describan o que hagan necesarias más palabras que no sean , de este vacío el querer llenar...del amor que se esfumó en la nada.


Se despide de ti, quien mirando hacia dentro de sí misma, aspira encontrar el fulgor que la ilumine siempre.

Yo.

sábado, 14 de marzo de 2009

Carta a un amor que no mate


Amad@ mí@:


¡Qué extraño se lee ese encabezamiento!, pero como puede ser amado como amada y la modernidad del internet, permite este artilugio en el signo de la arroba tomado como ambiguo, pues será así.
Lo cierto es, que en medio de esta revolución de avatares sin fin que estamos viviendo los humanos en esta tierra que nos estamos empeñando en ir destruyendo, vamos ansiando con mucho más ahínco en el pasar los años, encontrar, vivir, saborear, disfrutar, gozar, de un “amor que no mate”.
De ese amor compañía y cómplice, de ser amantes y amigos en toda la extensión de las palabras, de estar y ser, siendo individuos, en el y con el otro. Me dirá nuestro amigo Ricardo, que el amor de nuevo campea por estos lares de mis cartas nunca escritas, desde su lado amable y no sufriente. Mas, ¿cómo no escribirle cartas al sentimiento, motor de nuestro ser? ¡Cuánto de nuestra estima no está signada por la falta de amor ! ¡Cuánto de nuestras “psicopatías” no llevan por allí el puntillazo de alguna situación traumática por la desvirtuación del amor, del respeto, de los abusos de quienes amamos o en quienes confiamos, o simplemente por el prójimo que nos enseñaron es nuestro hermano y nos defrauda al máximo al verlos como monstruos, como si no fueran congéneres si no bestias sin sitio en ninguno de los reinos conocidos y que nos conforman como seres vivos.!

Es por ello que te escribo, tratando de encajar en la razón, las sinrazones, en la cordura, los desvaríos, en el sentir hasta la médula el saber que las manos siempre deben estar a palma abierta, que si la arena se aprieta se escurre entre los dedos, que si nos cruzamos y seguimos el mismo rumbo es para andar al lado de cada uno, no importa de qué colores veamos el cielo, o si las flores las percibimos con aromas diferentes, es saber que todo puede ser si nos comprendemos y aceptamos, respetándonos y adecuando nuestras manías en lo que haya qué ceder, sin dejar de ser un@.

En otras palabras, le escribo esta carta al amor que no mate, sino al que nos haga ¡VIVIR! en el tiempo que nos queda. La juventud tiene arrojo para soportar aún algunas debacles, a estás nuestras alturas juveniles de más de medio siglo, lo que ansiamos es la paz y que la soledad y el silencio, sean sólo un refugio a veces, de cuando se torna necesario el estar consigo mismo, para reencontrar algún eslabón que se crea perdido.


Con el candil encendido y en la esperanza de encontrarte o reencontrarte, se despide de ti sin despedirse de nada.



Yo, quien siempre creerá en el amor y en ser amante.


lunes, 2 de marzo de 2009

Carta a la Poesía


Mi amada Poesía:


XXI


¿Qué es poesía?,
dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía!,
¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.

Gustavo Adolfo Becquer


Sí, ya lo sé, el recurrido poema de Gustavo Adolfo, pero ¿cómo no dejarlo de abreboca en el sentir la poesía en cada ser que somos? ¿Cómo dejar de lado quizás, la definición lírica más romántica jamás escrita? Otros también lo han hecho y guardo miles de palabras que te definen; yo misma te he escrito miles de veces, sin artilugios, sin pensar en técnicas o contar sílabas. Simplemente…sintiendo, pensando, amando o llenándome con toda la rabia del universo, porque das para colmar todo en nuestras maneras de ser y de sentir.

Mi amada Poesía, mi refugio en las palabras, en la catarsis que conlleva el verso, en la metáfora que surge de la imagen que se forma dentro, muy dentro del alma y que lleva en el pico de una alondra, el mensaje al amado o a la amada que nos hace llorar de penas o reír por sus alegrías.


"¿En qué lugar, en dónde,
a qué deshoras
me dirás que te amo?
Esto es urgente porque
la eternidad se nos acaba...”

Jaime Sabines

Y se acaba la eternidad en las ansias del encuentro, en la premura del beso prometido, en el abrazo que nos hace vivos, presentes, sin ausencia alguna.
Te escribo Poesía, porque en cada poema, en cada intento de dejar en versos mi sentir, mis querencias, voy dejando jirones de piel, haces de alma, mi voz quebrada en cada te amo o en cada adiós que araña los muros del tiempo.
Y sigue Sabines siendo parte de mi voz…

Vamos a guardar este día
entre las horas, para siempre,
el cuarto a oscuras, Debussy y la lluvia,
tú a mi lado, descansando de amar.
Tu cabellera en que el humo de mi cigarrillo
flotaba densamente, imantado, como una mano
acariciando.
Tu espalda como una llanura en el silencio
y el declive inmóvil de tu costado
en que trataban de levantarse,
como de un sueño, mis besos.

Te he amado Poesía desde que tengo uso de razón en el saber de mi existencia, desde que fuimos presentadas en los versos que me leía mi padre para arrullarme en sus brazos,
Desde que garabateaba en cuanto papel caía en mis manos y sin saber escribir te escribía. Desde entonces, en cada poeta he llorado ausencias ajenas, desamores de otros. He reído con el desparpajo de algunos que dejan sátiras adornadas con el mejor de los trajes, he vivido otras vidas; me he paseado por el mundo y cantado “soleares”, “coplas”, “sonetos alejandrinos o clásicos,” “odas”, “dramas”. Me he rasgado las vestiduras del alma, leyendo a Buesa en mis años mozos y en los no tan mozos, he soñado, despertado, con algún verso que me dibuja al amor. A mi amor. Porque como dice Pedro Salinas

PARA VIVIR NO QUIERO...


Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!
Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».


Y leyéndote entre todos los que te honran, me reconozco, como me he encontrado y encuentro, en cada lector que escribe poesía y la publica en sus espacios, así y con su permiso, tomo del blog, Nada me pertenece, de Migdalia Mansilla, justo un poema que en este instante traza los caminos de mi existir:

Nada me pertenece



no son míos los caminos
mucho menos las huellas
se fueron las palabras detrás
de una golondrina perdida
los ríos se llevan los sonidos
de todas las voces
el tiempo se esfumó en el tizón
de una hoguera apagada

medito en el rescoldo
de una columna quebrada
tal vez mi vida
sea la quimera de otra
viviendo
cuatro cuadras más abajo
de esta casa
que tampoco es mía

nada me pertenece
ni siquiera tu recuerdo
de ti /todo lo tuve prohibido
no pude robarle un tajo a la lujuria
ni sembrar un huerto
con la higuera de Ibarbourou

quedan las manos vacías
la mirada sin ojos
presintiendo el crepúsculo
donde sólo habitan fantasmas
que vienen hacerme compañía
y en esta orfandad sin reparo alguno
hasta el aire que respiro
se lo peleo al viento


Migdalia B. Mansilla R.
Fecha: al no pertenecerme.
Julio 08 de 2008





…” y hasta el aire que respiro, se lo peleo al viento”. Nada me pertenece y es verdad. Sólo me quedas tú, Poesía, tú como hogar de mis palabras, voz de mis adentros, luz de mis caminos.
Me despido de ti, en esta carta nunca escrita y siempre presente en cada letra aqui vivida, con otros versos de Salinas…


NO TE VEO. BIEN SÉ...



No te veo. Bien sé
que estás aquí, detrás
de una frágil pared
de ladrillos y cal,
bien al alcance
de mi voz, si llamara.
Pero no llamaré.
Te llamaré mañana,
cuando, al no verte y
ame imagine que sigues
aquí cerca, a mi lado,
y que basta hoy la voz
que ayer no quise dar.
Mañana... cuando estés
allá detrás de una
frágil pared de vientos,
de cielos y de años.




Hasta siempre Amada…



Yo, quien nunca dejará de nombrarte.



jueves, 26 de febrero de 2009

Carta al otro lado del amor


Hmmmm. Se me ha presentado un conflicto de encabezado , a ver...¿Querido odio? ...¿Mi siempre recordado amigo, odio?

¡Qué odiosa situación! tratar con una emoción destructiva, que nos aniquila por dentro, y nos hace ser protagonistas de los más terribles actos en la ira que conlleva, llegando a enfrentarse familias enteras por alguna desaveniencia, como Montescos y Capuletos o como "Justo Brito y Juan Tabare dos hombres de vera y peinilla como no pare otra mare, quienes por una vieja rencilla, en el lugar que se vieran, la muerte juraron darse y todo por una palomita (una atención en un baile) de Paulina Colmenares", poema del venezolano Ángel Celestino Bello, o los celos incontrolables del Duelo del Mayoral, poema de Manuel Mur Orti, o de realizar hasta los más cursis comportamientos en los arrebatos que nos hacen decir y hacer estupideces, siempre dañinas para ambas, o múltiples partes.

Así que será mejor comenzar con...


Señor odio:

(Ahora caigo en cuenta y ¿por qué no, Señora odio?)


Es usted señor o señora odio, contraparte de todo lo que sentimos en bondad, amistad con afectos profundos, relaciones que nos permiten crecer, amor que nos hace sentir somos aves, brizna, brisa, romanticismo puro, ideales, utopías que nos arrastran a creer en lo posible de lo imposible, tolerancias, convirtiendose, señor o señora según sea el caso, en el lado oscuro de ese nuestro otro yo, ya destinatario anterior de una de mis cartas nunca escritas. Y es que , permitame decirle, todos sentimos ese arranque de expresar un, ¡uff, es que lo odio! o ¡cuánto odio esta situación! llegando a nuestros labios casi sin pensar las palabras , pero sintiendo la adrenalina que recorre nuestro cuerpo.


Odiamos, repudiamos, situaciones, fenómenos sociales, políticos y hasta religiosos; sentimos antipatías que a veces ni siquiera sabemos explicar el porqué de ellas, evitando así, a la, o a las personas que nos son repulsivas, o quizás a los motivos, sin razón aparente, sin deternos a pensar y con ello a recordar que tal situación o tal persona, nos recuerda otra vivida atrás y que nos produjo dolor , una herida profunda o un miedo incontrolable por el terror sentido por la misma. El vivir situaciones límites nos lleva a pisar ese hilo fino entre el bienestar y el odio.


El odio nos convierte en seres irracionales a veces, violentos, y he aqui el punto , esa línea fina a la que hacía referencia antes, que separa o une a la bondad, al amor, a la entrega, con el odio, la ira, la aversión, la repulsa. Si algo me amenaza, o me pone entre la espada y la pared, peligrando mi integridad tanto física como moral, como de salud, es probable, es más es casi seguro que sienta odio hacia esos elementos perturbadores. Y lamentablemente además con tanto ser humano deshumanizado, aberrante en sus actos, violadores, secuestradores, asesinos, maltratadores, sádicos con sus congéneres del reino animal y hasta el vegetal, etc, formamos un club donde siempre salta la emoción llegando al sentimiento del odio y aqui en una confusión cuando de amar se trata.


Una celebérima canción criolla, vals peruano, para más señas, cuya música es de Rafael Otero, y la letra extraída de un soneto de Federico Barreto titulado " El último ruego" haciéndose famosa en la voz del cantante Julio Jaramillo o si lo prefieren de Los Panchos, describe perfectamete esa ambivalencia que sentimos a veces y nos perturba porque confundimos, unimos, hacemos simbiosis de los polos opuestos en el sentir...amor y odio, sin llegar a comprender en su totalidad que esos polos opuestos se atraen al punto que se ruega, "quiero odio más que indiferencia", es decir que es ¿peor la indiferencia al punto de acarrear ese pedimento de sentimiento tan arrasador como lo es el odio?, recordemos su letra y quien recuerda la música cántela conmigo, aunque no canto nada:



Odiame


Letra: Federico Barreto

Música: Rafael Otero López


Odiame por piedad yo te lo pido.
Odiame sin medida ni clemencia.
Odio quiero más que indiferencia
porque el rencor hiere menos que el olvido.
Si tu me odias, quedaré yo convencido
de que me amaste mujer con insistencia.
pero ten presente, y de acuerdo a la experiencia,
que tan sólo se odia lo querido...
pero ten presente, y de acuerdo a la experiencia,
que tan solo se odia lo querido.
Qué vale más yo niño y tú orgullosa?
o vale más tu débil hermosura?
piensa bien que en el fondo de la fosa
llevaremos la misma vestidura.




¿Se dan cuenta?, prefiere el odio a la indiferencia, que es preferible el odio al olvido, asegurando que sólo se odia lo querido.


Para seguir pensando y que cada uno de ustedes mis queridos lectores, saquen sus propias conclusiones y las compartamos para asi dar luz a esta negativa emoción que nos destruye , aleja y a la vez hace busquemos, nos aferremos al o a los objetos de ese odio para plantarnos delante de él o ellos , mirarse a los ojos, correr hacia los labios, besarlos hasta hacerlos sangrar o simplemente romper con todo y dar media vuelta mascullando toda clase de improperios ( en el mejor y más sano de los casos)


Asi que señor o señora odio, me es dificil despedirme de usted, porque confieso, alguna vez en medio de un paroxismo (¡ejem!, varios), he gritado y vomitado mis propios odios, aunque luego ande como perrito regañado.


De usted, atentamente,
no un sólo yo, si no todos los que habitan en mi.