
Cielo mío:
llega la noche y con ella , todas las penumbras y miedos acumulados durante el día.
Los caminos inciertos, las dudas, el temor a lo ignoto, a lo que presumimos luz y encontramos hecho sombras.
Llega la noche y las pupilas tratan de guardar el máximo de la imagen que forjará los sueños: quizás, el aleteo de un pájaro azul, una flor amarilla que parece un sol, una nube blanca, muy blanca persiguiendo el ocre del ocaso; quizás, una mano extendida ofreciendo un algo o un mucho, unos ojos que al mirarlos parece que embrujan, o una sonrisa siempre estampada en el rostro que se hizo eterno.
Quizás también, por qué no, una boca que invita al beso en un silencio de rumor de bosques, de marejadas lejanas en el cuenco de una caracola.
Amor mío, llega la noche, esta noche, la que vivo entre el calor de unas paredes que atrapan y la libertad de un espacio que abarca la vida. Llega el momento, de sentir que en las horas nonas, tu piel es el mejor abrigo de la madrugada, tus brazos la seguridad de no caerme y tus hombros, amor, tus hombros , el consuelo de un alma agitada por todos los miedos.
Me pides te sueñe, te pido me sueñes y en el despertar de una nueva aurora, seas el fulgor que mis ojos ansían.
Buenas noches , mi amor.
Buenas noches , mi amor.
Te besa, quien te llama en cada latido de su corazón...yo.
