
Querida felicidad:
Oh, veo arriba escribí tu nombre en mayúscula y aqui en mi encabezado, se redujo a un triste principio en minúscula. ¿Será que de alguna manera el inconsciente, sabio y seguro de lo que hace en medio de su oculto hábitat, sabe de cierto que comienzas en grande y terminas en pequeño? ¿Será que en realidad, como dicen tan repetido por alli " la felicidad tal vez ni existe", y lo que vivimos son "momentos eufóricos"?
Porque si no, ¿cómo se entiende que una pueda pasar de una alegría inmensa, que te plena, que te hace ver luces de colores sin jamás tomar algo más que no sea agua mineral, a una tristeza que te agobia, que te hace sentir miserable, como si el mundo te debiera algo o la pobre vida que nada tiene que ver de cómo la vivamos, te cobrara un no sé qué, de un algo más, de lo que ignoro?
He hecho un viaje en estos meses por varios mundos interiores, (de mí , que no del Viaje al Centro de la Tierra de Verne, ni a las Veintemil Leguas de Viajes Submarinos, del mismo autor, de paso, obsesionado el hombre con las simas y lo profundo) ¡no! , en todo caso mi obsesión va ligada a mis estados de ánimo. Si bien es cierto que no he caminado por lechos de rosas últimante con tanto avatar y tanta pérdida, no puedo negar que he transitado por un camino que me tiene en una tira de lectura de un electrocardiograma, con las variaciones más enrevesadas, con puntas que tocan los límites de salirse del cuadriculado, o de bajar hasta caer definitivamente del papel y el doctor recogerlas del piso.
Tantas veces hablamos de la felicidad, la deseamos a todos. "Hoy cumple años Fulano de Tal o Fulana, que no estamos para discriminaciones" y uno salta, feliz cumpleaños, felicidades, felicidad. Si nace un bebé, si se gana un premio, si se casa una, si se consigue un billete de lotería premiado tirado en el piso y nunca reclamado por quien lo compró, si viajas, si vas hasta la esquina, es decir, en innumerables cisrcunstancias, siempre te desean y deseas "felicidad", pero no sólo para los otros, la aspiras sentir tú también y es allí, donde comienza Cristo a padecer. Porque la felcidad no debe buscarse, debe reconocerse, según lo miro, repito, después de haber hecho esos viajes interiores. Y en el momento en que esa emoción inigualable te embarga, sin pensar en sus procesos neurales ni en el "sistema límbico", es cuando una(o) debería dejarse llevar hasta el paroxismo, que no de la tira del electrocardiograma, si no del disfrutar al máximo el regalo divino de poder sentir al menos en un instante ese chispazo que te hizo olvidar que dentro de un rato, se apagará y quizás, vuelvas a sentir, que la soledad sí existe, que la tristeza es un don para los poetas y los bardos, que no todo puede ser lo que queramos o deseamos, simplemente pasa el momento y debes atraparlo y conservarlo en la memoria, para cuando pienses en ella o en él, o en el paisaje que dejaste atrás, sonrías pensando...yo también fui feliz una hora ayer.
Hasta siempre querida Felicidad, en este andar por el vivir, ojalá me tropiece contigo algunas veces más.
Atentamente,
Yo, quien ahora mismo, siente correr una lágrima por sus mejillas.
