martes, 5 de agosto de 2008

Carta al Adiós y una Carta que me llegó de una amiga, a su amiga Teresa, ante la muerte de su madre.




Mi siempre presente Adiós:


¡Qué locura parece esta! Escribirle al adiós una carta, ¿de despedida?. La verdad ni comprendo bien lo que estoy haciendo, sólo sé que hoy un adiós me pesa en el alma, y , lo más triste, me pesa en la nada. En este 2008 he tenido dolorosas pérdidas, sobre todo la de mi padre a comienzos de año. Una pérdida de esas en la que una entierra junto con el ser que le dio la vida: un trozo de la carne, un torrente de sangre, una parte de corazón y un mucho de alma. Pero aunque parezca un desatino, el dolor ha sido menguado por la convicción del presagio de sus años y el saber que desde hacía algunos, vivía por la gracia de Dios.

He tenido a lo largo de mi vida adioses que me han marcado para siempre, amigos que han partido muy temprano, mascotas amadas y amores que se esfumaron en medio del "hasta aquí llegamos". Hasta he tenido que despedirme de partes de mi cuerpo, de mis entrañas, de un seno, las muelas del juicio, inclusive de las amígdalas. Son pérdidas, son adioses también y si no, que me lo diga el espejo, cada vez que desnuda estoy frente de él.

Sin embargo, he podido superar todas esas despedidas, con entereza, con valor, y hasta con alegría algunas, las del quirófano por ej., me han salvado la
vida.
Lo que me ha costado un mundo, es superar el adiós del amor en este otoño que me habita.
Y hoy....hoy más que nunca, he sentido esa daga que venía traspasando mi ser lentamente con un dolor, callado, nublado en mis ojos llorosos, en
el gemir sin escándalo alguno. Porque cuando grito, vocifero, entro en cólera y digo ¡adiós!, ni siquiera lo estoy sintiendo de veras, no deja de ser una "pataleta" que luego, pasa, y pareciera la ternura se instalara de nuevo en mí con más fuerza. Pero desde ayer y hoy como colofón, este adiós, se hizo silencio y supe, que me despedí de ella, sin un grito, sin llamarla y dejarle un mensaje de voz de esos que revientan a cualquiera, sin escribirle que la odiaba, cuando en realidad le gritaba ¡te amo!...hoy...por una extraña razón, al fín comprendí que este adiós es una salvación para las dos.

De esta manera, siempre esquivo Adiós de los hombres, construido de mil razones, agazapado en las encrucijadas de todos los caminos, asaltante que roba al indefenso sus tesoros guardados por años; espada y estoque, redención y salvación, muerte y desamparo, te escribo para aunar en tu largo peregrinar, uno más que me destroza en vida, dejándome indefensa , vulnerable, en estos años donde la soledad, puede ser un espacio deseado, como también, una cárcel indeseable.
Mil cosas tengo por hacer, sin embargo, a ti mi Adiós de hoy, te debo el labrar un jirón del tiempo que me queda por vivir, con las manos vacías y los brazos yertos ante la falta del ser con el cual creí, (siempre ilusa de mí) terminaría sembrando un jardín y cosechando un huerto.

Me despido de ti, mi Adiós perenne y compañero fiel de mis andanzas por la vida, hasta la próxima pérdida de un alguien, un algo o de mi misma
, pero te dejo, con la convicción del duelo que pasará, del tiempo que coloca sus apósitos en las heridas que va dejando su propia despedida y el resquicio, por donde siempre pasará, el haz de luz de todas las alegrías.

Atentamente, Yo, la que se queda.





Querida Teresa:


Adiós es un término que no acierto a catalogar.
Aún no sé si es:
un gesto que designa un espacio donde enmarcar la lejanía,
un silencio donde la soledad permite el análisis profundo o la valoración exacta de “X” persona con quien ya no estamos,
o una puerta hacia otra dimensión.
No sé incluso si es un concepto definitivo, temporal o exclusivamente singular.
Dentro de las categorías filosóficas Tiempo y Espacio donde ubicar al Adiós.
¿A dónde pertenece…? ¿A las dos…?
Hace poco leía el escrito de una amiga, una gran amiga dicho sea de paso, que dirigió una epístola al vocablo. Una sentida carta a todos los Adioses que exacerbó este eterno conflicto que no logro resolver muy a pesar mío. Incluso he llegado, claro que por momentos, al absurdo de creerlo un ardid de poetas, novelistas, escritores en fin - y créanme me incluyo - utilizado cual recurso del método para la tristeza, un regodeo para las almas que gustan del melodrama húmedo y conspicuo.
Pero después comienzo a desandar la idea, porque otros hay que sin pertenecer al gremio, se sumergen en el mar del Adiós zambulléndose hasta tocar fondo en franca flagelación de otros sentimientos igualmente importantes.
¿Qué es en definitiva el Adiós? ¿Qué es lo que desde el punto de vista semántico, se plantea? Interjección que se emplea para despedirse, que denota que ya algo es irremediable, para designar un daño o sorpresa desagradable.
Etimológicamente formada por el prefijo “A” que implica negación y “Dios” que significa para el monoteísmo: ser supremo creador de todo cuanto existe y para el politeísmo: cualquiera de las deidades de su religión. Podríamos también pensar que quiere decir “sin Dios”.
Hoy leyendo a mi amiga creo que bien pudiera aceptar en principio esta denominación porque el Adiós produce en algunos momentos un dolor tan intenso, tan profundamente desgarrador, que se convierte en la negación tácita y absoluta de la existencia de algún Ser Supremo, hay Adioses que te lanzan a punta de pie del Paraíso y parecen dejarte sin posibilidades de regreso.
Otras veces vuelvo sobre la idea y creo que en eso de Dios hay una fuerte propensión de algunos (quiero ser prudente) al ejercicio del endiosamiento, si endiosamos a alguien y luego por las razones que sean, válidas o inválidas, nos quedamos sin ese Dios cárnico, asequible, si somos sacados de su diestra, ese adiós es sinónimo de invasión de tropas élites con órdenes de combate de tierra arrasada.
Yo, como todos, me he separado de personas, de partes y de cosas, desde aquella muñeca patilarga de mi primera infancia con la que aprendí que puede ser la madre más pequeña que el hijo (me sacaba una cuarta), hasta de un hijo, que yo dejé a una mía, en las mismas entrañas de la tierra una mañana tibia de Septiembre, en que el Sol por vergüenza de mi pena corrió a esconder sus rayos tras las nubes. Desde entonces, no, desde mucho antes, desde mi adolescencia cuando dejé a mi madre en ese mismo sitio, comencé a preguntarme si el Adiós es una connotación que damos los inexpertos mortales al desconocimiento en una incómoda mezcla con el Ego.

Cuando amamos a alguien queremos tenerlo al alcance de la mano en un movimiento mecánico e intrascendente. Queremos saber que está ahí, justo donde sabemos que podemos mirar para encontrarlo. Nuestro ego, funesto, exige la perpetua e inamovible imagen a la vera del camino, pero del nuestro.
En el ya extenso trayecto de mi vida, de tramo en tramo, personas muy queridas transformaron su forma de presencia, mutaron, cambiaron su apariencia, dejaron de ser tangibles a simple vista, estableciendo el consabido adiós dolorosamente desolador por esa pérdida de apellido definitiva. Sin embargo hoy estoy convencida que el Adiós es un término que no siempre utilizamos correctamente, lo empleamos por extensión indebidamente, porque
-cuando nos separamos de alguien por razones de viaje por cualquier motivo que sea, esta persona o nosotros es posible que regresemos algún día, aún cuando en el momento de la partida no se considere probable.
-Cuando perdemos algún miembro o parte de cuerpo no deberíamos decir Adiós, sino darle ¡Gracias a Dios! por la sobre vivencia del resto, por la vida que nos dejó, que nos ha permitido mantener a salvo y sana.
- Cuando perdemos a alguien en esa ley inexorable de la vida que no se ajusta a leyes especificas, que se ejecuta sin restricciones legisladas, que libérrima ataca a cualquier tiempo a nuestros ojos inexpertos y egocéntricos.
El Adiós es un hito que marca una nueva forma de existencia, es una puerta que se abre a otra dimensión, es la metamorfosis en la cual abandonamos el cajón que nos recubre hasta que estamos listos para desplegar nuestras alas en un estadio superior del espíritu y entonces ni nos vamos, ni perdemos, comenzamos a convivir cual mariposas invisibles de una forma diferente por los siglos de los siglos.


Luisa.

21 comentarios:

Incombustible dijo...

Solo puedo dejarte, amiga, un par de brazos mexicanos, que te rodeen y,en la medida que puedan , te cobijen en éste y en futuros adioses.

Con todo mi cariño

DRIADA dijo...

Muchas gracias por compartir el que será mi blog de curso
. Te he vuelto a leer y es que me desgarras el alma, tanta tristeza no es bueno que sea para la misma persona. Te podria decir siento esto, siento lo otro... pero creo que es mejor decirte que te enlazare y asi sabrás que al otro lado del charco hay alguien que siente algunas de las cosas que cuentas como comunes porque también como tu he dicho Adios, pero decir Adios y continuar es bueno.
Un abrazo

SUSANA dijo...

Creo que comparto casi todos tus Adiós. Aunque jamás hubiera podido escribir sobre ellos como Vos.

Me has dejado sin aliento en la última línea, y con muchas ganas de decirte que a pesar de la tristeza, tu escritura es maravillosa.

Y digo "a pesar" porque no quiero decir "por". Y justamente porque me gustaría leerte con alegría. Porque si así le rendís tributo a las despedidas, creo que tus bienvenidas deben ser extraordinarias.

GRACIAS POR LA EXCELENTE CALIDAD DE TU PUBLICACIÓN.

Saludos cordiales!

dakota73 dijo...

En maravillosa prosa leo esta misiva al adiós .La vida es una marea turbulenta, en el mejor de los casos, ya que sus marcas nos recuerdan que algo hemos aprendido. Pero la vida busca irremediablemente el equilibrio, la misma lagrima que fue derramada para despedir será también derramada para recibir, así parece ser de justa la vida. Es por que simplemente no le gustan las posesiones, nos quiere livianos como plumas , para conocer la verdadera vida ,donde solo habrá bienvenidas.

Hecha de silencios dijo...

“Ayer una parte de mi de dijo adiós y fue la boca”
Todo lo demás se quedo intacto impregnado de ti.
Caramba amiga mía, no se dice adiós desde el corazón de las amarras,
Se dice adiós desde el puerto de la renuncia y ese puerto no te conoce y tu a pesar de tutearte con el no lo miras mas que de perfil. Te beso siempre y hoy en dolor mayor junto al abrazo.

Miriam dijo...

Luego de leer tu carta, solo queda por decirte que vengo a traerte mi sillón de silencio, ese que sentiste que te sostenía...
Lo traigo con mis manos, para que te apoyes, te acurruques, te repliegues... para que lo tengas el tiempo que lo necesites. Viene también con un velo de cariño con el que puedes cubrirte...
Tuve muchos adioses como los tuyos, incluyendo los del quirófano, y los de amor, por eso digo que no estás desarmada ante el; porque si puedes enfrentarlo y escribirle de esta manera, todavía puedes seguir. Solo déjate sostener, y vuelve a empezar.
Mil besos

Hecha de silencios dijo...

quice decir que lo veias de reojo y no de perfil (perdón) otro beso

KLAU dijo...

ES VERDAD ESMERALDA, Y TIENES RAZON, LA "AUSENCIA" ES QUE HE TENIDO MUCHAS COSAS DIFICILES DE ENCARAR Y RESOLVER, HOY TENGO UN AMIGO MUY MUY QUERIDO QUE ESTA "DICIENDOME ADIOS" POR LO QUE ESTA CARTA EN PARTICULAR ME LLEGA AL ALMA MAS PROFUNDAMENTE

PERDONAME, INCLUSIVE DESCUIDO MIS ESPACIOS CUANDO TENGO EL TIEMPO DE SENTARME A ESCRIBIR O POSTEAR, CAIGO DORMIDA

EXCELENTE POST ESME
GRACIAS POR PASAR
DISCULPAME !!!! ♥
BESOS
MILES
KLAU ♥

KAMELUCHA--MELA dijo...

Parece una locura , pero no lo ess..noo,
al ser tan añosa,,hay que decir tantos adioses....que
no se a veces de donde se saca la fuerza para reponernos..
el ser humano es màs fuerte de lo que nos imaginamos, no creemos poder sentir tanto dolor en tantas despedidas....
Hermoso tu escrito mucho muy lindo
besitos

*°·.¸¸.° Heidy °·.¸¸.°* dijo...

Hay "adioses" que son tan necesarios, aunque duela darlos

Edgardo dijo...

Escribirle al adiós una despedida, escribirle al adiós algo que de seguro leerá después de la partida, nunca antes, las cartas de despedida se leen en el autobús, en el tren, en el auto, lejos, en la protección del hogar, en el calor de un café en cualquier cafetería, pero nunca, delante de la persona que te dice adiós. Por cuestión de respeto, de faltas de palabras, de vergüenza, de miedo y la mayoría de las veces por compasión y para no estirar el desenlace de la historia.

Veo que te pasaron demasiadas cosas, creo que deberías decir y preparar tantos adioses que se haría demasiado extenso. Pero decirle adiós al adiós es una buena forma de dejar partir demasiados dolores, demasiadas cosas malas, y está bien, está bien despedirse para volver a comenzar, para volver a encontrar el camino.

Di adiós mil veces, mil veces de la misma manera habrás dicho hola, te quiero, esta bien, amigo, bello, habrás entrado a vidas, lugares, deseos. La vida tiene una puerta de entrada y otra de salida, casi siempre estamos entrando y saliendo de los lugares y de las personas.

Ojala la rueda deje de girar, ojala encuentres el lugar donde siempre sean bienvenidas y no adioses.

Te dejo un saludo.

HologramaBlanco

Maria dijo...

Tu vena literaria está en pleno apogeo, tal vez porque en esta carta has invertido tus emociones y tu esperanza el caso es que es maravillosa su lectura con ese párrafo final tan realista, casi más que optimista: "con la convicción del duelo que pasará, del tiempo que coloca sus apósitos en las heridas que va dejando su propia despedida y el resquicio, por donde siempre pasará, el haz de luz de todas las alegrías", porque al final todo pasa, tanto lo bueno a lo que nos apegamos como lo malo de lo que nos resulta tan difícil deshacernos, hasta el punto en que el dolor parece casi eterno, casi imposible decirle adios.

MaleNa dijo...

Tus palabras tienen la intensidad necesaria para la emoción.
Lloro ante ellas.


Gracias por "decir" lo que muchas almas sienten y no pueden expresar.
Un abrazo y buena semana.


MaLena.

Inés Bohórquez dijo...

El adios de la vida que siempre se conjuga con el bienvenido!

que sarcasmos tiene la vida jugando a que se queda y solo parte todos los días...

me quedé con esa sensación de ausencia de nostalgia del ayer del pasado pero se que al decir adios solo se que he estado!

un abrazo

amareamorir dijo...

Siempre el adios es equivalencia a recomienzo y el recomienzo equivale a vivir de nuevo...

Siempre que tengamos cosas por vivir tenemos la posibilidad de estremecer el corazon, de ser felices y de ser mejores.

Me encantò tu carta.
Andres.

Olivier Franconetti Benamor dijo...

Hello hermosa!...gostaria que leeces "lettere di Amore"...en la nave (link)...tu blog es esplendido...mi gusta mucho!...como tu...piedra pequeña ...como tu...besos.

(elanavev)

Miriam dijo...

Tengo un regalo para ti en mi espacio. Pasa a buscarlo.
Besos

Cartas que nunca escribí dijo...

Miriam...¡gracias de todo corazón!

Besos

DRIADA dijo...

Hola , pasaba por aqui

DRIADA dijo...

Los meteoritos vienen y se conjugan desde cualquier lugar.Asi que no tienes que pedir permiso :)

Mujer Versus Mujer dijo...

Bellas cartas. Todas. Me han conmovido y algunas hecho reflexionar.

Un abrazo.

Mara